Hace un rato he publicado una pieza que se vertebra esencialmente en el concepto venganza de Kill Bill. Un concepto que circunda sobre si mismo, dejando pocas historias paralelas y ninguna merecedora de desarrollo en este díptico western con sabor japonés.
Puede leerse facilmente muchísimo sobre Quentin Tarantino, y su paradójica obra, a modo de agregador de contenidos, de barman, DJ o cocktelero para con diferentes vertientes cinematográficas. Tarantino es antes que director, guionista, y antes que guionista, dialogista. La venganza de Kill Bill (su obra magna, para mi gusto, pese a la consistencia y firmeza de Pulp Fiction) es un concepto desnudo, no hay ningún factor social que afecte.
El mundo de Kill Bill es un mundo sin policías, sin juicios o abogados. Donde puedes llevar tu katana como equipaje de mano en Japan Airlines, los asesinos son un gremio más y los hospitales un patio de recreo. Partiendo de esto, y es importante partir de aquí, como se parte de un mundo irreal al ver Forbiden Planet, tenemos dos monólogos, introducciones a los dos segmentos del metraje.
El mejor texto que pudiera darse a un expectador confuso, ansioso o indiferente. Su monónolo (y diálogo) no tienen punto de comparación con cualquier referente de la cinematográfia comercial actual.
Volumen 1
Volumen 2
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