más ensayos sobre la ceguera

3 nov 2010

Crystal Castles. Crónica del concierto.

La electrónica no tiene compasión. Y Alice sabe cómo ponerlo en práctica. A las 8 la sala Riviera está abierta, huele bien, hilo musical animado pero no cargante, y un escenario infectado de cables, sintetizadores, teclados, y luces, muchísimas luces de todos los tamaños y colores que esperan pacientes y oscuras su cometido.

Dos horas antes del comienzo la masa entra, se acomoda, enciende sus cigarros y bebe los néctares que le catapultarán al más violento y primitivo regocijo. Los anónimos teloneros entonan sus ritmos el tiempo suficiente para que el público empiece a sudar y hacer vibrar la sala Riviera hasta el manzanares. De improviso y con una puntualidad preocupante, el escenario vuelve a la penumbra, anunciando el inevitable clímax. Miradas nerviosas, cientos de cigarros, gritos, vítores, empujones sin piedad. La piedad se ha quedado en la calle y en el guardaropa. Un nutrido grupo de punkis drogados, de chaquetas vaqueras forradas de borreguillo anima la atestada primera fila, y de repente los cielos se abren, la silueta encapuchada de Ethan llega hasta la mesa de mezclas bajo un halo de neon, el agresivo y delicioso ruido atrona a los oyentes y una flaca Alice, con su característica mirada turbia se contonea hacia una masa que no para de reclamarla.

El dúo opta por no arriesgar y comienza con uno de sus temas estandarte: baptism. Desde la elegante distorsión que caracteriza al tema, el público no puede sino caer rendido ante el éxtasis de la siempre críptica música electrónica.

No han pasado ni veinte minutos cuando Alice entona de forma distorsionado el tema XXZXXCUZ ME, otro de los fijos. Lanza su cuerpecito al público y cientos de manos con cientos de dedos pugnan por rozar su vampírico y húmedo rostro de veintidós años.

El concierto olvida los temas melódicos y la verdadera esencia del género es la que domina a un público ansioso.

Una hora y cuarenta y cinco minutos después todo ha terminado. El dúo ha vuelto a ofrecer la electrónica y la inditrónica, han desnudado la música y deconstruido el orgasmo. La sala Riviera está agotada y felíz. Crystal Castles ha vuelto a impartir la lección.

(próximamente radiado)

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Humanoide en permanente deconstrucción seguidor incuestionable del apocalipsis neonietszcheano.