La República Democrática de Corea compone en su estructura de gobierno el paradigma opuesto al sistema global y de redes internacionales que se vienen tejiendo desde la “victoria” del bloque capitalista a finales de los noventa, los tratados de libre comercio y la proliferación y normalización de nuevas tecnologías.
Corea del Norte se perfila como un resquicio del sistema de bloques post II Guerra Mundial, una dictadura estancada en una política hereditaria, absolutista, autárquica y aislacionista que pretende vender dentro y fuera de sus fronteras una utopía marxista-comunista. Un sistema unitario que personifica su líder absoluto, Kim Jong-Il, la unidad aglutinadora de los sumos poderes del país.
La falta de información desde y hacia dentro del estado, sumadas al cúmulo de sanciones y presiones internacionales dibujan un país frío, inerte ante el paso del tiempo y los avances del mismo, aferrado al caduco ideal de la utopía socialista de mediados de siglo.
La dura historia del país ha pasado de una ocupación japonesa desde principios de siglo XX hasta la II Guerra Mundial, para ser parte del gran juego estratégico de la Guerra Fría, un Vietnam sin vencedor absoluto que ha condenado la división del país en dos unidades cada vez más diferenciadas a lo largo de la historia reciente.
Chantajes a occidente, amenazas con programas nucleares y un ocultismo enfermizo por parte de la administración para observar el funcionamiento de un país ya catalogado como el más aislado del mundo.
El régimen norcoreano parece estancado a una realidad inexistente, fruto de la ambición inmovilista de un dictador aferrado a una paranoia propia de los años sesenta y cincuenta. Un momento de amenazas americanas constantes y de opresión cultural por parte de los grandes bloques.
No obstante, el planteamiento generalizado y condenatorio a Corea del Norte tiene un canal exclusivamente occidental. Pues el estudio crítico de su régimen y sistema político es, además de inaccesible para la ciudadanía, restringido a los pocos gobiernos simpatizantes con Jong-Il, tales como China o Rusia.
El caso de China es paradigmático en cuanto al papel preponderante a escala mundial de los últimos años. La perdida de hegemonía estadounidense pasados los años noventa parece ser al mismo tiempo la pregunta y la respuesta al actual sistema anárquico internacional, donde el capitalismo es puesto en duda y las revueltas sociales quieren volver.
En esta línea podemos hablar de la comparativa siempre presente de Corea del Norte con su homólogo del sur. Corea del Sur es un país liberal, democrático y republicano, auspiciado por un apoyo constante de los Estados Unidos desde su incursión como aliado en el primer gran conflicto de la Guerra Fría. No obstante, las consecuencias del liberalismo económico extremo en un país de historia convulsa e irregular como lo es la Corea del Sur, ha perfilado el terreno de juego de un capitalismo salvaje y tenaz, que provoca serias desigualdades sociales y aleja toda estructura social del llamado “estado de bienestar”.
Lo único que parece ser cierto es la ayuda y colaboración de potencias reemergentes como China o Rusia. La influencia de estos en Kim Jong-Il y la de la administración norteamericana en el sur es la respuesta definitiva a una hipotética pacificación peninsular que aun se mantiene en la lejanía.


Narración toca, otra de las artes a desarrollar del lenguaje radiofónico, la más alejada de mis fuertes me temo. Fue una de las pocas realizada de manera individual, he de admitir que me costó más de un intento sacarle la entonación adecuada. Soy un tío algo cacofónico, que le vamos a hacer.